Diario

23 de febrero de 2017

Ayer tuve mi primera experiencia Wallapop (si no lo quieres, súbelo, súbelo) y aquí estoy para contaros mi experiencia.

A ver, cómodo, cómodo no es. Primero tienes que hacer un sondeo para ver a que precio se están vendiendo los productos que tu quieres vender (en mi caso un iPad) para saber sobre que precio andan. Después de perderte entre tanta venta, decides. Sacas el cacharro de su funda, lo limpias, le sacas las fotos de rigor, las subes, pones el precio y le das a la opción “precio no negociable” porque no quieres que la gente te esté regateando como si estuvieses en pleno bazar marroquí. ¿Y qué pasa? ¡pues que la gente regatea! Vamos a ver, almas de Dios, si pone que el precio no es negociable, pues no es negociable. Punto redondo.

Te llegan unos cuantos mensajes, con los que te cosen a preguntas hasta que se presenta un posible comprador. Vamos, que tienes que hacer un casting peor que pasar una entrevista de trabajo. El posible comprador te hace tantas preguntas que casi le tienes que decir hasta tu talla de pantalón (42, para los más curiosos). Bien, cuando has satisfecho su curiosidad tienes que dar la vuelta a tu casa para encontrar la documentación del aparato que no sabes ni donde la tienes y cuando ya te piden la caja original ¡ni os cuento!

Pues nada, ahí buscando todos los documentos como si fueses a presentar una instancia al ministerio, por un momento creí que me iba a pedir una fotocopia compulsada de todo. Por fín consigues encontrar la factura, la copia del seguro y la partida de nacimiento del iPad, cuando no encuentras la caja. Bueno, en realidad encontré la parte de abajo, pero la de arriba (la que cierra no). Pues nada, que la quiere aunque sólo sea la de abajo.

Siguiente paso, quedar. Una cita a ciegas. Madre mia, yo es que para éstas cosas no valgo… quedar con alguien que no conoces, que es para hacer una venta, pero me daba mucha vergúenza. Al final le digo a un amigo (al pobre le meto en todas las emboladas que se me pasan por la cabeza) que me acompañe. Llegamos al punto de encuentro y  me pongo nerviosa. Me digo a mi misma “Erika, no es una cita”, pero da igual, el sólo hecho me ponía nerviosa, aunque estar acompañada ayudó bastante.

Llega el comprador puntual. Y ¡sorpresa! no tiene ni cuatro pies, ni cinco ojos, es una persona normal, a lo que me digo “no eres más tonta porque no eres más alta” (1,72 sigo informando a los curiosos) y ya me calmo. Bueno cuando das las explicaciones de los papeles y entregas el aparato el comprador casi saca una lupa a los Sherlock Holmes, en busca de rayones, arañazos o… ¿una mota de polvo? y me pongo tensa. Pienso “ahora es cuando dice, está bien pero no me interesa” y resulta que has perdido dos horas de tu vida, en irte hasta la capital, aparcar, sacar la OTA, que no te lleguen las monedas y preguntarle al de la OTA que por no tener suficientes monedas para sacar ticket hasta las 20:00 y dejarlo con un tiempo de 19:58 me van a llevar presa. Porque los de la OTA no andan con bromas, te calzan una multita en menos de lo que se reza un Ave María, y una no está para hacer mas gestiones que llevaba todo el día buscando papeles. El de la OTA me dice que me vaya con Dios, me da su beneplácito. Bueno, que me lío, que al final el comprador dice que “Si” y yo me siento como si estuviese en “La Voz” y Melendi me hubiese elegido para su equipo. Casi lloro de la emoción. Me da el dinero y me dice “cuentalo”, pero me doy cuenta que no sé contar y me quedo con cara de monguer mientras miro el dinero. Pienso “bueno, como de repente te has vueto más gilipollas de lo que eres habitualmente, dí que está bien y pista”. Pues nada, que estaba bien (lo conté cuando volví a recodadar que sabía contar.

Fin de la transacción. Hasta luego comprador, hasta luego iPad.

Amigo, vamos al Flying Tiger (una tienda de papeleria) a que me de una vueltita. El accede (como siempre). Yo intento centrarme entre cuadernos de colores y bolis de diversas formas pero él me acosa trayendome cosas y preguntandome que es. Está claro que él no disfrutó de la visita a la tienda como yo. Es que mi amigo llama a mis manualidades (churro manualidades) “tus corta y pega” como si esto fuese clicar con el botón derecho del ordenador.

Bien es sabido que si le hubiese llevado a una librería, él hubiese disfrutado más y yo lo mismo.

Sin más que deciros se despide ésta que os quiere…

E.R.

4 comentarios en “23 de febrero de 2017”

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